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  • Por Diego M. Vidal

El amigo americano


"...el ser humano tiene su punto más crítico en la mente. Una vez alcanzada su mente, ha sido vencido el animal político, sin recibir necesariamente balas"

“Manual de Operaciones para la Guerra Sicológica” de la CIA

para la Contra nicaragüense

Latinoamérica se encuentra en su momento más aciago, quizás como no se veía desde la década del 80 del siglo pasado.

No sólo la cuestión económica sacude la región, que recibe los coletazos de la crisis financiera del mundo desarrollado. El retorno al suplicio neoliberal en países como Argentina, por las urnas, o Brasil, después del golpe institucional contra Dilma Rousseff, pone en jaque los avances de autodeterminación e independencia política alcanzados durante la última década de gobiernos populares. Un cambio en la orientación de las relaciones exteriores acerca a los grandes sudamericanos hacia Washington, que busca recuperar el terreno perdido ante China y Rusia mientras se empantanaba en los conflictos bélicos de Medio Oriente.

Ahora, la Casa Blanca volvió a ocuparse del “patio trasero” con el fin de extender su influencia sin necesidad de invasiones directas con sus portaaviones y marines. Esta vez las puertas son abiertas desde adentro para facilitar el desembarco de sus tropas sin un disparo, para establecer bases militares que se presentan como colaboración e intercambio de cuestiones científico-técnicas. No importa si quienes se desempeñen en ellas tengan uniformes de las fuerzas armadas estadounidenses o de las contratistas que surten sus filas con mercenarios de otras latitudes.

Una treintena de instalaciones militares recorren el mapa de Sudamérica, desde las que se monitorean e interceptan comunicaciones internas que luego son procesadas y derivadas a los organismos de inteligencia de Estados Unidos, en un acto descarado de espionaje a ciudadanos y gobernantes de esas naciones, como revelara el ex analista de la Agencia de Seguridad Nacional, Edward Snowden.

Otro de los usos que se les dan a estas bases quedó revelado den Honduras. Aunque el presidente Barack Obama prometiera una alianza en igualdad de condiciones, durante la V° Cumbre de las Américas de Trinidad y Tobago en abril del 2009, ésta fue desmentida con el derrocamiento del mandatario hondureño Manuel Zelaya dos meses después, secuestrado de su dormitorio y alojado en la base norteamericana de Palmerola.

Los cables publicados por Wikileaks revelaron la asiduidad de las visitas y consultas de Mauricio Macri a la embajada de EE. UU en Buenos Aires o el papel de confidente de la CIA del interino Jefe de Estado brasileño Michel Temer, estrechos vínculos que se confirman con las decisiones que tomaron ni bien llegaron al poder: Macri atacando a Venezuela y Temer que anuncia permitirá a las petroleras yanquis explotar los ricos yacimientos de alta mar en detrimento de la estatal Petrobras.

La Casa Blanca espera casi en silencio, son tiempos de cosecha que le devuelvan el rol preponderante que tuvo en el Continente durante la Guerra Fría. Espera disciplinar a Brasilia de modo definitivo, empuja una conflagración civil entre venezolanos, cerca a Bolivia y Ecuador con el valor de los combustibles en tanto opera a través de los medios de comunicación y las oposiciones políticas.

Del Sur le llegan aires más promisorios. Macri es, sin dudas, el enterrador que los EE. UU necesitaban para sepultar el anhelo de los mayores próceres latinoamericanos: la Patria Grande.

Argentina regresó al círculo de amigos que sin muchos cuestionamientos cumplen las reglas y acata sus designios, debilita el Mercosur, ningunea Unasur, promete permitir tropas extranjeras en territorio austral y congela los reclamos soberanos sobre las Islas Malvinas.


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