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  • por Diego M. Vidal, desde Brasil

La vergüenza también es brasileña


La jornada vivida en el Senado brasileño pasará la historia como un verdadero martes negro. Es que literalmente, la sesión que debió a llevarse a cabo donde el gobierno de Michel Temer intentaba aprobar la reforma laboral de neto corte neoliberal, acabó a oscuras cuando Eunício Oliveira, presidente del cuerpo, decidió apagar las luces del recinto ante la resistencia de varias senadoras de la oposición que ocuparon la presidencia para evitar la votación de esta ley, que elimina décadas de derechos ganados por los trabajadores.

“Lo que aconteció avergüenza a la nación” manifestó indignada la senadora Gleisi Hoffman, del Partido de los Trabajadores (PT), quién formó parte del bloqueo que buscaba impedir deliberar a los senadores. “La clase dominante de este país no tiene proyecto para Brasil. Cuando hay crisis en la economía, ustedes disputan el presupuesto. Los señores debían avergonzarse de lo que están haciendo. La cabeza de los señores es esclavista”, bramó Hoffman contra sus pares al sancionarse la reforma que impulsó Temer y tuvo el apoyo de sus aliados que en esta cuestión decidieron mantenerse junto al mandatario surgido de un golpe parlamentario, pero que en los próximos días deberán decidir si continúan a su lado frente a las denuncias de corrupción que lo envuelven.

Las parlamentarias que buscaron frenar la avanzada sobre la Ley de Contrato de trabajo, recibieron apoyos externos a su determinación y entre ellos resaltó el de la presidenta destituida Dilma Rousseff. “Solidaridad a las corajudas senadoras y senadores que interrumpieron violación a los derechos de los trabajadores”, se expresó la ex presidenta a través de la rede social Twitter.

Por 50 votos a 26, los senadores aprobaron en general del proyecto conocido como PLC 38, que reduce derechos históricos de los trabajadores. Entre ellos se destaca la negociación directa entre empleador y empleado que deja afuera a los sindicatos y todo convenio por rama laboral. También permite que mujeres embarazadas y lactantes puedan trabajar en locales con riesgo de salubridad. Además, extiende la jornada laboral de 8 a 12 horas diarias y termina con uno de los logros que han marcado las luchas de los trabajadores de comienzos del Siglo 20.

El hecho que sacudió a la sociedad brasileña estuvo signado por la manera en que se avanzó en el tratamiento de la norma, que es una de las exigencias del poder económico y mediático de Brasil para encontrarle una salida decorosa para el gobierno debilitado de Michel Temer, si eso es posible en el contexto de denuncias por coimas que ya fueron aceptadas en el Congreso y en los días que vienen debe decidir dar curso al proceso judicial que lo lleve a su destitución.

A la firmeza de las legisladoras opositoras para frenar la ley y la respuesta destemplada de Oliveira de dejar sin luz al hemiciclo, en pos de amedrentarlas y evidenció la desesperación por sacar sí o sí la PLC 38 para satisfacer los reclamos del establishment brasileño.


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