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  • Diego Manuel Vidal

Colibríes cubanos contra la pandemia

Por Diego M. Vidal

Susurro entre poetas, Roberto Chile - Ernesto Rancaño, 2010

“Ala de colibrí para la cura”

Silvio Rodríguez Domínguez


Cuando buscaba título para mi libro que contiene una extensa entrevista realizada al Comandante Fidel Castro Ruz, allá por el año 2003, eché mano a una analogía que una diminuta avecilla me inspiró cuando entró volando por una de las ventanas de mi casa. Un colibrí inquieto y curioso se metió por el balcón. Sobre ese ser incansable Eduardo Galeano contó que “antes de que naciera el mundo, él ya existía: refrescaba la boca del Padre Primero con gotas de rocío y le calmaba el hambre con el néctar de las flores”, según la mitología de los pueblos originarios de América. Así me impresionó el líder de la revolución cubana, durante una trasnochada cena que acabó en la tarde del día siguiente, con su incesante manera de saltar de un tema al otro, con avidez por conocer la opinión de su convidado y sin dejar de atender los asuntos de Estado al mismo tiempo.


Algo similar noté al repasar las crónicas de los últimos días sobre lo que acontece en Cuba frente a la pandemia de coronavirus que azota al planeta. Decenas de científicos abocados a buscar curas y soluciones a la infección, que tiene a la Humanidad preocupada por un futuro que se avizora incierto o al menos muy diferente al caótico presente al que nos habíamos acostumbrado.


En la isla todos están pendiente de las comunicaciones del gobierno donde a diario da el parte de infectados, sanados y fallecidos por el COVID-19. Especialmente un programa emitido por la televisión local, creado por el año 2000 como parte de la Batalla de Ideas que lanzara Fidel, concita un alto índice de la atención popular. La vespertina “Mesa Redonda”, muchas veces encabezada por el propio presidente cubano Miguel Díaz Canel, sienta ante las cámaras a eminentes investigadores y profesionales de la salud para informar a la sociedad del avance de la enfermedad y, sobre todo, qué se hace frente a ella en Cuba.

Así se supo que este país ha dado pasos importantes en la búsqueda de un tratamiento efectivo y testeos de posibles vacunas, como el CIGB 2020: un fármaco de aplicación nasal y sublingual, que permite estimular la inmunidad a nivel local, donde se encuentra la entrada del virus al organismo. Este desarrollo del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), en conjunto con el Instituto Finlay y otras instituciones científicas cubanas, ya se encuentra en la fase de pruebas en humanos y el Doctor Gerardo E. Guillén Nieto, director de Investigaciones Biomédicas del CIGB, explicó que “logramos en tiempo récord que esa vacuna se aprobara. Incluso los especialistas del Hospital Naval participaron en estas discusiones científicas. El 26 de marzo se aprobó el estudio clínico de la vacuna y el 27 ya estaban los primeros voluntarios”*. Nieto señaló también que se está “a dos niveles: demostrando la activación del sistema inmune innato, y cómo éste activa la inmunidad específica contra el virus. No existían vacunas para este propósito, el coronavirus ha hecho que se desarrolle esto, y Cuba cuenta con productos que ya existían y se han perfeccionado para ser aplicados con este objetivo en específico”*

La pelea de Cuba contra la expansión del coronavirus es olímpicamente ignorada en la mayoría de los grandes medios internacionales, sólo dejó de pasar desapercibida cuando se supo que China estaba utilizando un medicamento cubano para tratar a sus enfermos: el Interferón Alpha o IFNrec. Esta droga, nacida el 28 de mayo de 1981 en una casa de protocolo número 149, del habanero barrio Atabey, tuvo detrás de su creación a los doctores Manuel Limonta Vidal, Ángel Aguilera Rodríguez, Eduardo Pentón Arias, Victoria Ramírez Albajes, Silvio Barcelona Hernández y el doctor Pedro López Saura. La mayoría de ellos pertenecían al Centro Nacional de Investigaciones de Cuba (Cenic) y otros al Instituto de Hematología. Pero el impulsor de ese desarrollo fue Fidel, quien había enviado a un pequeño grupo de científicos a Helsinki, Finlandia, para aprender a desarrollar el interferón y así la Mayor de las Antillas fue el segundo país en el mundo en producirlo. Un año después, el 21 de enero de 1982, el Comandante funda el Centro de Investigaciones Biológicas.

Esa visión del porvenir que tuvo el Jefe de la revolución, hoy es resaltada por los integrantes de este ejército de “colibríes” con batas blancas que día a día combaten contra un enemigo, si no invisible, lo suficientemente minúsculo para colarse en el sistema inmunológico y destruir vidas. Es ahí, entonces, donde los científicos cubanos intentan cavar las trincheras que ayuden a resistir el asalto.


Y de resistir bien saben los cubanos, con Fidel a la cabeza siempre.



*Fuente: Cubadebate

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